Autónomos y asalariados: principales diferencias

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Una de las diferencias entre autónomos y asalariados más comentadas y sabidas es la forma en la que aportan a la Seguridad Social:

  • El Régimen General indica que, los trabajadores contratados por una empresa aportan, de manera conjunta entre la empresa y el trabajador, la base de cotización, la cual varía en función del salario. Esta cuota a la Seguridad Social incluye partidas que cubren enfermedades comunes o accidentes laborales, la maternidad, el desempleo, etc.
  • En cambio, en el caso de los autónomos, el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos establece que esta cuota a la Seguridad Social la abona únicamente el trabajador. En su caso, los trabajadores por cuenta propia, pueden elegir el dinero que quieren cotizar a la Seguridad Social, obviamente, dentro de unos límites establecidos. Sin embargo, esta elección que pueden tomar los autónomos puede tener consecuencias en sus prestaciones, ya que la cantidad que aporte va directamente relacionada con la prensión que, luego, recibirá.

Se trata de una temática que acostumbra a levantar polémica y que, a día de hoy, aún se habla sobre la remodelación del sistema de cotizaciones de los autónomos.

Diferencia entre autónomos y asalariados

Otra diferencia entre estos dos colectivos es la manera en que declaran sus ingresos. El trabajador por cuenta ajena recibe un salario documentado a través de una nómina, la cual ya está sujeta a retención. Esta se basa en un intercambio de su trabajo por bienes monetarios. Dichos ingresos son declarados como rendimientos del trabajo personal. Por su lado, los ingresos de los autónomos se basan en los contratos que establecen con sus clientes. En este sentido, declaran sus ingresos como rendimientos de actividades económicas.

La forma de organizar el trabajo es otro de los puntos que, claramente, los diferencian. Mientras el asalariado trabaja en el seno de una organización, dependiente y a las órdenes de su empleados; el autónomo organiza sus medios, su trabajo, etc. Mientras al primero se le brinda, desde la empresa en la que trabaja, todos los bienes necesarios para el desempeño de su actividad, el segundo los debe financiar personalmente: el autónomo debe arriesgar parte de su patrimonio para el desarrollo de su labor.

Por último, el factor clave diferencial es el riesgo: mientras los asalariados no ven variar sus ingresos en función del nivel de trabajo, los autónomos sí. Este hecho evidencia la inestabilidad a la que están sujetos los autónomos:

  • Las situaciones de incertidumbre están en el día a día del autónomo. Por ejemplo, no saber con cuántos clientes contarás el mes siguiente, lo cual repercutirá directamente en los beneficios que obtengas, sobre todo si eres un autónomo económicamente dependiente El 83,5% de los autónomos afirma que esta incertidumbre genera un gran estrés para ellos.
  • La ausencia de un horario laboral estricto y marcado hace que, muchas veces (con tal de evitar perder clientes, de ganar nuevos, de aumentar ingresos…) los autónomos trabajen en fines de semana o vacaciones. Los datos hablan por sí solos: 3 de cada 4 trabajadores por cuenta propia han trabajado durante sus vacaciones e, inclusive, el 80,9% afirma haberlo hecho estando enfermos.
  • Para un asalariado, calcular su jubilación puede resultar tarea fácil, pero para un autónomo no. En esta línea, 4 de cada 5 autónomos muestra preocupación por el cobro de su jubilación. Y no es para menos, ya que este colectivo cobra una media de un 41,3% menos que los trabajadores por cuenta ajena.
  • No obstante, a pesar de esta desprotección y a sabiendas de la inseguridad que comporta, el 62,8% de autónomos se muestran positivos y satisfechos con su trabajo.

Después de exponer estas diferencias entre asalariados y autónomos, solo nos queda aconsejarte que contrates tu seguro de baja laboral Élite-Profesional. Con éste no tendrás que sufrir, aunque seas autónomo, ante posibles imprevistos.