La actividad de las clínicas veterinarias puede generar una cantidad de residuos considerable. Bisturís usados, material de quirófano, sustancias farmacológicas, restos biológicos… Son solo algunos de los materiales que nos podemos encontrar en una clínica y que son altamente contaminantes.
Por eso, existen una serie de regulaciones que todos los veterinarios deben respetar y que hoy te vamos a explicar en este artículo. Porque en Previsión Mallorquina estamos al lado de los autónomos en cualquier circunstancia. Nuestros seguros de baja laboral protegerán tus ingresos en caso de accidente o enfermedad para que tu nivel de vida no se resienta.
Tabla de contenidos
¿Qué tipos de residuos genera una clínica veterinaria?
Los residuos que genera una clínica veterinaria se clasifican según su procedencia. En función de esta clasificación el tratamiento puede variar:
- Residuos urbanos o asimilables: Papel, cartón, restos de comida, envases, embalajes o material administrativo.
- Residuos biosanitarios: Guantes, gasas, empapadores, material de cura, sondas o textiles que han estado en contacto con animales
- Residuos peligrosos o especiales: Agujas, bisturís, lancetas, vacunas o muestras biológicas.
- Medicamentos y productos químicos: Fármacos caducados, anestésicos o reactivos de laboratorio.
Cómo gestionar los residuos de una clínica veterinaria paso a paso
Los centros veterinarios están catalogados como pequeños productores de residuos y todos ellos deben contar con el Número de Identificación Medioambiental (NIMA). Este número lo otorgan las entidades locales y autonómicas que son las que regulan este tipo de procedimientos. El NIMA sirve para trazar y tener identificados en todo momento a los agentes productores de residuos.
El tratamiento de los residuos de tu clínica veterinaria debe seguir estos pasos:
- Clasificación de los residuos: Los residuos urbanos o asimilables van a bolsas negras o contenedores convencionales. Los residuos biosanitarios, como gasas o guantes con restos de sangre o fluidos deben ir a contenedores rígidos de un solo uso y con cierre hermético. Los residuos peligrosos o químicos como medicamentos caducados, frascos reactivos o radiografías deben ir a recipientes específicos indicados por el fabricante.
- Regístrate como productor de residuos: Deberás inscribirte en el Registro de Productores de Residuos en tu Comunidad Autónoma.
- Contrata a una empresa de recogida autorizada: Para gestionar los residuos biosanitarios y peligrosos/químicos, deberás contar con una empresa autorizada para su gestión.
Preguntas Frecuentes
¿Una clínica veterinaria necesita un gestor autorizado?
Sí, es totalmente obligatorio por ley. Los servicios municipales se encargan exclusivamente de la recogida de los residuos urbanos o asimilables (como el papel de oficina o el cartón), pero no están autorizados para tratar restos biológicos o fármacos. Para la recogida y eliminación de los residuos biosanitarios, peligrosos y químicos, debes contratar de forma obligatoria a una empresa de gestión de residuos autorizada por tu Comunidad Autónoma. Ellos te facilitarán los recipientes homologados y se encargarán del transporte seguro y de emitir los certificados de destrucción necesarios ante cualquier inspección de sanidad o medio ambiente.
¿Dónde se tiran las agujas y bisturís usados?
Bajo ningún concepto deben depositarse en las bolsas de basura convencionales, ya que suponen un riesgo inmediato de corte, pinchazo y contagio para el personal de la clínica y los operarios de limpieza. Este material cortante o punzante debe desecharse en contenedores rígidos especiales, habitualmente fabricados en polipropileno de color amarillo y de un solo uso. Estos envases están hechos de materiales extremadamente duros, cuentan con un indicador de llenado máximo y un sistema de cierre hermético doble (provisional y definitivo) que impide que el material se salga accidentalmente. Una vez llenos, la empresa gestora contratada se encarga de retirarlos para su posterior incineración.
Conclusión
Llevar al día la gestión de residuos en tu clínica veterinaria no es solo una cuestión de cumplir con la normativa y evitar importantes sanciones económicas; es, ante todo, un compromiso con la seguridad de tu equipo, de tus clientes y del medio ambiente. Sabemos perfectamente que el día a día de un veterinario autónomo es exigente y que compaginar la atención médica a los pacientes con la burocracia, las tasas y los registros oficiales (como el NIMA) puede llegar a ser abrumador.
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